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REGALOS DE FIN DE CURSO O NO?

Queda nada para acabar el curso y llegan 3 de los momentos «favoritos» de los padres en estas fechas; el regalo para el profesorado, la llegada de los festivales y los regalos de fin de curso a nuestros hijos, pero yo propongo no agobiarse y sobre todo, no cogerse más responsabilidades de las que tenemos. Lo más agobiante suelen ser los regalos a profes y a hijos.

En cuanto al regalo de los profes, por estas fechas, el whatsapp del grupo de padres echa humo. Te despistas una hora sin mirar el móvil y ahí están no menos de 50 mensajes sin leer. Que si tenemos un detalle con la maestra que ha sido tan buena este curso. Pues claro. Me apunto. Y yo. Contad conmigo. Yo también, etc . Se suele empezar con una idea sencilla: una taza con los nombres de los niños, unas flores o unos dibujos encuadernados. Pero no iba a ser tan fácil. El grupo se viene arriba, y de repente lo que iva a ser un regalo sencillo se convierte en una inversión considerable.

Unos 200 mensajes más tarde, se consigue concretar la idea, y por suerte, siempre hay un par de madres que se prestan a ejecutarla. Pero entonces surge la siguiente duda. ¿Y a la de inglés no le regalamos nada? ¿Y si regalamos a la de inglés, no se sentirá mal el de Educación Física? Pues a mí me gustaría tener un detallito también con la monitora de comedor y con la de extraescolares y…

Hablando con otros padres veo que el tema de los regalos a los profesores no es tan sencillo y trae mucha más polémica.

Hay un padre reciente que me ha contado que en su colegio se hace regalo al profesor todos los años y que le llevan los demonios “a mí no me regalan nada cuando me voy de vacaciones, por bien que lo haya hecho. Está haciendo su trabajo y punto“. Le ha valido alguna bronca con su mujer, me dice que si fuera por él, se negaría a participar.

Otra madre me comenta que en su colegio, al terminar infantil, el regalo era excesivo “un iPad el año pasado, este año cosméticos que costaban un pastizal y una pulsera de oro. No es normal y no deberían aceptar regalos así”.

“Nosotros hacemos algún regalito, nada excesivo. Cuando mi hija pasó a Primaria, fue una sesión para un spa del barrio y un libro. En el colegio hay familias que lo están pasando mal y no pusimos más que tres euros por cabeza”, me dice otra madre. “Es cierto que están haciendo su trabajo, pero es un detalle voluntario para agradecerles su labor, que a todos nos agradan esos reconocimientos”.

Os planteo, ¿también nos estamos pasando con estos regalos de fin de curso a los profesores?

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¿Y qué pasa con los regalos a nuestros niños por fin de curso?

Saber elegir el mejor juguete

En la lista de regalos para fin de curso no pueden faltar los juguetes, que además de poseer una vertiente lúdica son herramientas muy eficaces para favorecer el aprendizaje. Pero ¿cuál es el mejor juguete para regalar?.

Eso dependerá del niño evidentemente pero siempre es bueno adaptar el regalo a la fecha en las que estamos con juguetes más veraniegos y educativos y lo que siempre se a de tener en cuenta son las formas en las que se entregan y el porqué.

Muchos adultos, padres o maestros, están en contra de los castigos y sin embargo a favor de las recompensas. Estamos de acuerdo en que son dos medidas contrapuestas, sin embargo no son del todo contrarias, pues con los premios se acaba consiguiendo lo mismo que con los castigos: un resultado positivo temporal que viene motivado por el acto que ejecuta el adulto sin ayudar a los niños a ser responsables ni a aprender a vivir desde el convencimiento de que lo que hacen es lo mejor.

En otras palabras, con los premios se consigue que los niños hagan aquello que los adultos queremos que hagan pero sin interiorizar el beneficio de aquello que están haciendo, pues lo que prima para ellos no es lo que hacen, sino lo que consiguen haciéndolo. Un ejemplo que puedo ofrecer es cuando, con toda la buena intención del mundo, mis padres nos daban dinero a final de curso según las notas que sacáramos (mejores notas significaba más dinero y más dinero significaba poder comprar más CDs, un juego para la consola,…).

Esta recompensa hizo que, la ya poco estimulante tarea de estudiar, se convirtiera en un simple trámite para conseguir una paga extra a final de curso. No es que quisiéramos aprender más, es que queríamos sacar mejores notas para conseguir una mayor recompensa.

Varios investigadores han descubierto incluso que los niños cuyos padres hacen uso frecuente de estos sistemas de recompensas tienden a ser menos generosos que sus compañeros.

Dicho de otro modo, los premios pueden conseguir que los niños dejen de lado la creatividad y el riesgo. La persona que inventa, que es creativa y que “pierde” el tiempo con nuevas ideas corre el riesgo de equivocarse. El que se equivoca tiene que rectificar en su camino volviendo atrás para solucionar los errores con nuevas soluciones. Volver atrás hace que no seas el primero, de lo que se concluye que equivocarse hace que se tarde más tiempo en hacer las cosas. Hacer las cosas en más tiempo significa que eres menos eficiente y el que es menos eficiente, no obtiene premio.

Es curioso, pero a nivel cognitivo y a nivel de desarrollo infantil, lo ideal es que los niños se equivoquen y yerren, ya que ello hace que se abra una puerta al pensamiento lógico de los niños. Cada vez que yerran una nueva pregunta llega a sus cabecitas y aparece la necesidad de encontrar una solución.

«Los padres deben saber lo que se ha esforzado su hijo durante el curso, y considerar si es el momento adecuado o si se lo merece, pero no hacerlo por costumbre y mucho menos porque los demás compañeros sí que obtienen un regalo», ESA ES LA SOLUCIÓN.

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Con esto queremos decir que el regalo o la recompensa a nuestros hijos con juguetes es una buena opción siempre y cuando se haga con cabeza. Algunos detalles a favor de esto son los siguientes:

— Un regalo puede ser una buena manera de que el crío aprenda que el esfuerzo y la constancia dan sus frutos. De la misma forma que los adultos agradecen recibir un detalle en su trabajo y les ayuda a motivarse.

— No es malo recompensar el esfuerzo continuado pero lo ideal es que el niño no se lo espere, así lo entenderá como el resultado de su trabajo y no como algo que debe recibir sí o sí. Así, valorará y será consciente de su propia constancia y dedicación.

— Dependiendo de las circunstancias, un regalo puede utilizarse como incentivo cuando el niño empieza a desviarse del rumbo y siempre que no contribuya a su indisciplina. Se puede intentar que lo tome como una meta, como una motivación. En cualquier caso, no suele ser efectivo, ya que se convierte en un objetivo a largo plazo que el niño no es capaz de mantener, y al no ser algo inmediato pierde el interés. Por ello, siempre es mejor llevar a cabo un refuerzo diario y sin premios que tengan un valor económico.

De cualquier modo se acaba el curso y en cuestión de días estaremos todos( los que podamos) de vacaciones o por lo menos lejos de esas cada vez más aparentes «obligaciones» que tantos dolores de cabeza nos traen.

 

 
 
 
 

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